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Ricardo

mi maestro
21 de mayo de 2026 por
prohibido

Él era amigo de mi tío (mi tío era el hijo menor de mis abuelos, algo así como "el pilón")

Toda la familia vivía cerca, el  punto de reunión era la casa de los abuelos.


Desde niña fui muy precoz, todos mis amigos siempre fueron mayores que yo; él me llevaba más de 15 años, me atraía mucho porque no era como los demás, siempre formal, serio, leyendo sus libros mientras esperaba a mi tío. A pesar de tener 35 su comportamiento siempre fue de un hombre mayor, yo apenas 18 recién cumplidos.


Me gustaba sentarme a mirarlo, él se daba cuenta pero no decía nada. Un día finalmente me atreví y comencé la conversación:

 - ¿qué lees?

- un libro de Historia Europea (obviamente yo alcanzaba a leer el título en la contraportada)

 - ¿quieres limonada?


Me contestó que sí, salí disparada al refrigerador y... se había acabado.


Volví desilusionada como un niño que pierde un dulce, le dije que ya no había y fue lo mejor que pudo suceder..


- Te invito un refresco (me dijo con su voz fuerte y sexy)


La sonrisa me volvió al rostro, acepté y ahí comenzó todo, yo le preguntaba de sus lecturas, el me acariciaba con la vista, llegamos al tema de los novios y me atreví a confesarle que me gustaban mayores y que mi virginidad esperaba perderla con alguien que supiera lo que hacía, con alguien que supiera tocarme y fuera experto. Ya mis amigas me habían contado que los orgasmos se sentían de maravilla, así que esperaba mi oportunidad. Siempre fui muy fría de cabeza y tenía claro que no quería hacerlo con alguien con quien involucrara sentimientos, no quería ligar ese primer momento de mi vida al recuerdo de un tipo con el que después terminé. 

Recuerdo que mi primer beso fue mágico y especial; y tres meses después él me dejó por una amiga; entonces no quería repetir eso, simplemente quería vivirlo como una experiencia nueva.

Así se lo dije y con tono pícaro y coqueto, le confesé que él era mi candidato para eso, se me quedó viendo igual que una persona a dieta mira la vitrina de una pastelería y eso me gustó. 

Seguimos hablando de cualquier cosa, regresamos a casa de mis abuelos; pero ese día todo comenzó, pasaron los días, seguimos platicando, las conversaciones iban subiendo de nivel, un día dijimos que iríamos a la feria.


Ni él ni yo queríamos ir, la de la iniciativa fui yo, le acaricié la entrepierna cuando íbamos en su coche, el volteó y me preguntó si yo estaba segura, le contesté acariciando su miembro y desabrochando el primer botón de mi blusa.


No lo pensó dos veces, cambió la dirección, me llevó a un Hotel, ya dentro, me dijo varias cosas que entendí hasta después y que le agradeceré siempre:

- Rebeca aqui como en todo hay reglas y tu eres la reina, la mandamás, LA DUEÑA Y SEÑORA DEL JUEGO. Aqui se siguen tus reglas y si quieres ser buena jugadora deberás ser tu quien dirija el juego.

Si te gusta me dices, con gestos, con las manos, con tu boca o con lo que quieras PERO ME DICES

Si no te gusta, frenas en seco, vale madres que yo esté excitado, FRENAS Y YA!

​No me voy a enojar

No me voy a avergonzar

No me voy a poner triste, etc.

Si tu quieres hacer algo, lo haces y ya, no me preguntes, no me pidas autorización, solo hazlo, no te limites, gime, grita, haz lo que quieras es tu momento.


Cuando terminó de hablar ya tenía su boca debajo de mi oreja con besos suaves que iban directo a mis senos, mientras con una mano desabrochaba mi blusa y la otra sujetaba mi cintura.

Yo estaba inmóvil, todo para mi era nuevo; pero MUY excitante.

Siguió desvistiéndome, jamás dejó de besarme los senos, me moví para que su boca quedara en mi pezón, alcancé a ver una sonrisa en su cara y comenzó a succionarlo suave pero constante, yo sentí un calor que nunca había sentido directo en mi vagina, ¡¡¡eso era!!! ¡Finalmente estaba sintiendo placer!


De un paso me recostó en la cama y se hincó en el piso, comenzó besándome desde el empeine hasta mis muslos, me abrió las piernas, me sentí nerviosa y me endurecí, él lo sintió inmediatamente y me preguntó si quería que me detuviera, le dije que me daba pena.

Volvió a besar mis pezones y con sus dedos comenzó a acariciarme la entrepierna hasta llegar al clítoris, empecé a gemir, a pedir más me movía como serpiente, mi vientre pedía más, él interrumpió en seco y me habló de lo importante que es la protección, me enseñó a ponerle el condón, a tocarlo y me recalcó que jamás tuviera relaciones sin condón.


Ya con condón lo sentí más libre, más él, me hizo de todo, primero encima de mi, luego de pie igual frente a mi, luego de espalda contra la cama, aquello era un espectáculo de acrobacias; mi percepción siempre ha sido que él solo quería que yo sintiera placer, lo notaba concentrado en que yo disfrutara, seguíamos cambiando de posiciones, él me preguntaba cuál me había gustado más y sobre esa regresaba, tuve incontables orgasmos esa tarde, él cambió varias veces de condón, tardaba en recuperarse media hora y seguíamos.


Al final me metí a bañar y ahí en la regadera me pidió permiso de hacerme un oral, él no se quería quedar con las ganas de probarme, lo disfruté muchísimo y después de eso ya en la cama me enseño a tocarme para cuando no tuviera con quien hacerlo, yo me lo hiciera a mi misma.

Me dijo que a quien yo le prestara mi cuerpo tenía que tratarme bien y que tenía que darme mejores orgasmos que los que yo me provocaba a mí misma 

Regresamos, nadie se dio cuenta, la siguiente semana me fui de vacaciones con mi familia y cuando regresé me enteré que él partió de este mundo en un accidente, pero su enseñanza quedó grabada para siempre en mi memoria.





Hablemos de Sofía
La diosa de mis deseos